¿Soy decadente cuando hablo?

Imaginemos que nuestra voz se convierte en una pluma estilográfica, pero tan antigua que necesitamos tener a mano el tintero para recargarla de tinta frecuentemente. Imaginemos también que nuestros fonemas se convierten en letras sobre papel. Finalmente, imaginamos que no recargamos a tiempo nuestra pluma y se queda sin tinta antes de acabar de escribir nuestras frases. Las letras comienzan a desaparecer y no se lee el final de nuestro mensaje.

Gráfica con onda sonora de nuestra voz cayendo hacia el final de las frases

Esto es exactamente lo que sucede con el sonido de nuestra voz cuando pierde volumen al final de frase y, en consecuencia, nuestra audiencia pierde parte del mensaje. En ese caso, el volumen de voz, expresado gráficamente, define una onda decadente que deja de ser audible al pasar de cierto umbral. La solución pasa por dosificar mejor el aire haciendo las pausas necesarias para "recargar la tinta de la pluma".

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